Diálogo y sabiduría II

En mi última contribución, hablé acerca de las bases para el diálogo y, concretamente, sobre el silencio y cómo es esencial para comenzar a dialogar. El silencio es la base sobre la cual se construye un diálogo. En esta contribución, hablaré acerca de la forma en la que debemos analizar ideas de nuestro interlocutor, sosteniendo un diálogo primero con nuestra propia razón, antes de responder o hablar a la persona con quien hablamos. Durante un debate, normalmente hay dos partes y ambas defienden posturas distintas. El objetivo de ambas partes es demostrar que la postura del contrincante es errónea o al menos débil. Los debates son útiles para investigar y explorar acciones divergentes o contrarias. En el campo de la política esto es sumamente útil, ya que cuando dos oponentes políticos debaten el público puede explorar las propuestas de dos candidatos antes de votar. El debate, por lo general, también posee un espíritu competitivo, donde un punto de vista debe “ganar” a otro. Sin embargo, el diálogo no es un debate, ya que en el diálogo el objetivo no es exclusivamente demostrar cuál es el mejor camino para tomar en una disyuntiva, sino el diálogo es establecer vínculos de hermandad entre dos o más partes. Aquí digo partes porque no necesariamente se trata de entablar vínculos con otra persona: puede también tratarse de establecer un vínculo más profundo con uno mismo. Por eso dice San Agustín:

Andando yo largo tiempo ocupado en muchos y diversos problemas, y tratando con empeño durante muchos días de conocerme a mí mismo, lo que debo hacer y qué he de evitar, de improviso vínome una voz, no sé si de mí mismo o de otro, desde fuera o dentro

San Agustín, Soliloquios

San Agustín habla consigo mismo, precisamente para conocerse a sí mismo y razonar qué debe hacer con su vida y cómo tomar decisiones.

Como dice San Agustín, durante el diálogo interno intentamos conocernos a nosotros mismos, lo que debemos hacer y qué evitar. Para llegar a conclusiones acerca de estos tres interrogantes, hacemos tres preguntas concretas, que nos permitirán encontrar la verdad:

  1. El argumento que estoy planteando, ¿es probable o se puede ser demostrada su certeza? 
  2. La certeza del argumento demostrativo, ¿es de tipo psicológica? ¿O existe otro tipo de certeza para este argumento?
  3. ¿Es la demostración empírica la única posible? ¿Existe otro tipo de demostración?

El fin último del diálogo interno es buscar la verdad y determinar los valores y principios que orienten nuestro actuar en el mundo. Es por eso que debemos estar profundamente comprometidos con entablar este diálogo constantemente. Pero solo podemos actuar si creemos que estamos en posesión de la verdad. Al llegar a la verdad a través del diálogo empieza la verdadera vida ética y la vida más satisfactoria para todo ser humano: la vida interna, la vida de las profundidades del ser persona humana. 

Introducción a la paz I

Mucho hay que decir acerca del rol de la ciencia hoy en nuestras sociedades porque ha llegado a usurpar de forma infundada al diálogo y al servicio de la humanidad en general. No debe ser el hecho que prefiramos a ciertas ideas por encima del bienestar de otras personas: debemos recordar que el sistema político o científico imperante debe estar al servicio de las personas y no al revés. Pero hoy día es difícil encontrar a quienes están dispuestos a dialogar y no buscar soluciones en sistemas que, bajo sus burdas intelectualizaciones, lo que realmente esconden es su capacidad de aplastar a nuestros hermanos débiles y pobres. No voy aquí a criticar a sistemas concretos sino que me limitaré a exponer a las ideas que nos permiten comprender cómo pensar mejor y, como consecuencia, dialogar mejor y tratar al prójimo como a un fin en sí mismo y no como un medio. 

El diálogo hoy está perdido porque hemos dejado de educarnos y en los centros educativos nos enseñan a que tener razón es lo deseable, no a escuchar, dialogar y hacer preguntas. Además, estamos absortos por la actividad frenética a diario: desde pequeños vamos al colegio, hacemos tareas, vamos a clases de ballet o de karate o lo que sea, cenamos, dormimos y repetimos. Cuando no es así, el ocio lo gastamos en centros comerciales o restaurantes, gastando pero paradójicamente intentando no ser arrastrados por la corriente del crédito excesivo. Pero esto, en el día a día, socava nuestra posibilidad de tener un encuentro auténtico con los demás.

Debemos recuperar la capacidad de dialogar, porque el diálogo es lo que nos distingue de las bestias y lo inánime; es la expresión externa de que somos racionales, la data empírica que verifica que el otro es real. Pero para dialogar debemos descubrir primero nuestro propio ser, y esto sucede solamente en el silencio y con una dura y honda honestidad.

Si la primicia para el diálogo es el silencio, ¿qué entendemos como silencio y cómo lo logramos? El silencio no es callar simplemente. Además, seguramente todos hemos experimentado alguna vez el intento de entrar en silencio y nos damos cuenta de que la mente no calla: escuchamos una voz incesante que está planificando, calculando, recordando pendientes o resucitando memorias. Cuando intentamos por primera vez el ejercicio de entrar en silencio, nos damos cuenta de que es casi imposible y que la mente parece temer muchísimo el silencio. Pero es posible y necesario. El silencio no es, entonces, simplemente callar o cerrar los labios. El silencio es obtener una quietud o paz interior, es la ausencia de querer hacerle caso a todos los impulsos que pasan por la mente.

Muchas son las historias que nos encontramos cotidianamente acerca del silencio. Vemos que en oriente, algunos monjes toman votos de silencio. Hoy también es cada vez más reconocida la meditación, conocida como mindfulness, que nos enseña a entrar en silencio para poder alcanzar la paz. Y es que la paz y la felicidad están íntimamente ligadas. Pero para lograr el silencio, debemos tener mucha honestidad con nosotros mismos y buscar vivir una vida examinada. Por eso decía Sócrates que: 

el mayor bien del hombre es hablar de la virtud todos los días de su vida y conversar sobre todas las demás cosas que han sido objeto de mis discursos, ya sea examinándome a mí mismo, ya examinando a los demás, porque una vida sin examen no es vida

Platón, Apología de Sócrates 38a5-6

Si de verdad nos conocemos a nosotros mismos, seremos capaces de encontrar el silencio, de ver que nuestros pensamientos no son equivalentes a nuestro ser y a nuestra voluntad. Una vez alcancemos el silencio, podremos entrar en diálogo verdadero, porque reconoceremos lo que es una persona y sabremos identificarla en el otro. No en vano dice Jesús en el evangelio:  

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Universidad de Navarra. Santos Evangelios (Spanish Edition) (Kindle Location 3807). Kindle Edition.

Porque es imposible amar al prójimo si uno no se ama a uno mismo, y no puede amarse lo que no se conoce.

Sócrates y la muerte

Todos deseamos, de alguna manera, actuar según la verdad porque creemos que eso nos da paz: el estar tranquilos con las decisiones que tomamos. Por eso es que hay quienes dicen que, en el fondo, todos somos filósofos: porque amamos la sabiduría y se le considera sabio al que obra según la verdad. Sócrates creía tan firmemente en esto que estuvo dispuesto a morir por actuar según sus convicciones. Para quien busca enamorarse de la verdad como Sócrates, y alcanzar la sabiduría, conviene prestar atención a un consejo que él da a sus seguidores. Justo antes de morir, Sócrates sorprende a sus amigos diciendo que los verdaderos filósofos “no practican otra cosa que el morir y estar muertos” (64a), y les aconseja que sean filósofos y le sigan lo antes posible.

¿A qué se debe semejante declaración? ¿Por qué querría un filósofo morir? Por sorprendente que sea este enunciado, es tal vez más sorprendente aún lo que significa para Sócrates y lo útil que puede ser para nosotros en pleno siglo XXI su consejo.

Los discípulos de Sócrates habían quedado igualmente perplejos por esta declaración y le piden que aclare su idea. Sócrates, entonces, arranca con su discurso: “¿Creemos que es algo la muerte? […] ¿Y que no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo?” (64c). Sócrates afirma que la separación del alma y del cuerpo es la muerte, pero va más allá: para poder adquirir la sabiduría, es necesario que el filósofo se separe lo más posible del cuerpo. El cuerpo, dice Sócrates, es la fuente de todas las distracciones que arrastran a la mente y la distraen de lo que realmente importa. Según Sócrates,

después de todas estas consideraciones, por necesidad se forma en los que son genuinamente filósofos una creencia tal, que les hace decirse mutuamente algo así como esto: ‘[…] mientras tengamos el cuerpo y esté nuestra alma mezclada con semejante mal, jamás alcanzaremos de manera suficiente lo que deseamos. Y decimos que lo que deseamos es la verdad. En efecto, son un sinfín las preocupaciones que nos procura el cuerpo por culpa de su necesaria alimentación; y encima, si nos ataca alguna enfermedad, nos impide la caza de la verdad. Nos llena de amores, de deseos, de temores, de imágenes de todas clases, de un montón de naderías, de tal manera que, como se dice, por culpa suya no nos es posible tener nunca un pensamiento sensato. Guerras, revoluciones y luchas nadie las causa, sino el cuerpo y sus deseos, pues es por la adquisición de riquezas por lo que se originan todas las guerras, y a adquirir riquezas nos vemos obligados por el cuerpo, porque somos esclavos de sus cuidados; y de ahí, que por todas estas causas no tengamos tiempo para dedicarlo a la filosofía.

Fedón 66b-d

En resumen, los filósofos evitan enredarse mucho con los deseos del cuerpo porque esos deseos les causan guerras, tanto internas como, llevadas al extremo, externas. Por eso, para quienes desean lo mejor que puede desear una persona (y convertirse así en filósofos), lo mejor que pueden hacer es buscar la verdad intentando desligarse de lo que el cuerpo y el mundo material ofrecen. En otras palabras, lo que el mundo ofrece es: honor, riquezas y poder. Aclaro, sin embargo, que estas cosas no son malas en sí mismas, sino solo cuando nos distraen de lo que realmente importa: la sabiduría. Por eso deben estar subyugadas a la sabiduría y servirle, no esclavizar al alma de la persona.

Si seguimos el consejo de Sócrates, entonces, podemos concluir que la verdad se encuentra buscando lo mejor de nosotros mismos en cada ámbito de nuestras vidas. Para simplificar esta idea, podemos separar los ámbitos de la vida de una persona en cuatro: espiritual, intelectual, físico y social. Cada uno de esos ámbitos tiene su forma de funcionar, su verdad, y en la medida en la que logramos encontrar esa forma de funcionar de cada una de esas áreas, seremos más sabios y obtendremos la paz. En ello es en lo que se empeña un verdadero filósofo.

¿Qué es una buena educación?

¿Qué pasaría si nos dieran carta blanca para diseñar nuestra educación desde el inicio? ¿Cómo sería un proceso educativo perfecto?

Seguramente hemos intentado responder a estas preguntas alguna vez en nuestras vidas, por el motivo que sea.

Hace treinta años, esa pregunta se hubiera podido discutir de muchas maneras, pero la ciencia no habría podido ayudarnos mucho. La realidad, es que la ciencia no tenía mucho que decirnos acerca de cómo aprendemos. ¿Cómo funciona la memoria? ¿Nacemos con talento? ¿Cómo es que algunos desarrollan talentos extraordinarios? ¿Qué sucede en el cerebro cuando aprendemos? Estas preguntas eran aún un misterio profundo para la ciencia. Pero gracias a los estudios de Anders Ericsson y muchos otros científicos, hemos podido descubrir respuestas a estas preguntas.

Podemos decir que el propósito de una educación es que la persona que se educa, el alumno, se convierta experto o, al menos, adquiera destrezas básicas, en una materia. En un aula o ambiente donde se pretende que un alumno adquiera destrezas, las actividades y los procesos deben estar orientados hacia ese fin: que un alumno aprenda. Y esto es posible ahora, gracias a los avances en la psicología y la neurociencia.

Pretendo hacer un pequeño esbozo de las ideas de Ericsson para que el lector pueda comprender los pasos que sigue una persona para adquirir una destreza. En otro ensayo quisiera explorar cómo este proceso puede ser incluido en las aulas de las universidades.

Ericsson describe dos tipos de práctica, en su libro: Peak: Secrets From the New Science of Expertise: la práctica deliberada y la práctica con propósito. La primera es la forma definitiva para convertirse en experto en una materia. Sin embargo, esta forma de practicar no puede utilizarse en el aula, pues la práctica deliberada requiere dos criterios. En palabras de Ericsson:

requiere de un campo que ya está razonablemente desarrollado—es decir, un campo en el cual los mejores han atenido un nivel de desempeño que claramente los separa de la gente que acaba de entrar el campo […] ¿Qué áreas no califican? Todo lo aquello en lo que hay poca o nula competencia directa, así como la jardinería y otros hobbies, por ejemplo, y muchos de los trabajos en el ámbito laboral de hoy—gerente de negocios, profesor, electricista, ingeniero, consultor, y así. Estas no son áreas donde probablemente encontrarás conocimiento acumulado acerca de la práctica deliberada, simplemente porque no hay criterios objetivos para el desempeño superior.[1]

La segunda es una forma menos rigurosa que la primera, pero es la que podremos aplicar en las aulas de las universidades y los colegios.

Ericsson define seis pasos para una Práctica con propósito efectiva:

  1. Salir de la zona de confort: buscar hacer algo que no he hecho antes;
  2. Enfocarse: durante el tiempo que estoy intentado practicar, evitar distracciones a toda costa;
  3. Tener metas claras: definir lo que quiero lograr en un lapso determinado, que sea tangible y medible lo que quiero lograr;
  4. Un plan para llegar a estas metas: una serie de pasos ordenados que voy a seguir para llegar a esa meta;
  5. Una forma de monitorear el proceso (un mentor o profesor): saber si estoy usando los mejores medios para llegar a la meta;
  6. Motivación: buscar un medio para seguir motivado, a pesar de las dificultades.

Estos seis pasos garantizan que la persona que se proponga aprender una destreza podrá hacerlo. Si nos ponemos a analizar todas las experiencias exitosas de aprendizaje que hayamos tenido en nuestras vidas, probablemente siguen un patrón muy similar a este. El seguimiento de este patrón nos permite crear lo que Ericsson denomina “mental representations.” Esta frase puede traducirse más o menos como “representaciones mentales.” Una representación mental es lo que el cerebro crea para guardar información de una destreza en la memora de largo plazo. En la medida en la que la representación mental va adquiriendo forma y uso, mejor es la destreza que desarrolla una persona. Por eso, la representación mental que tiene un experto en ajedrez de las movidas que debe hacer para ganar es mucho mejor que la que tiene un principiante.

Estas representaciones mentales son un resumen de ideas que vamos adquiriendo durante la práctica. Son la suma de todos los aprendizajes que hemos ido formando acerca de una actividad. Es por eso que la Práctica con propósito busca que vayamos formando mejores representaciones mentales y podemos utilizarla en el aula para tener mejores resultados.

Ericsson nos ayuda a comprender los avances en la ciencia del aprendizaje a través de su libro. Gracias a estos estudios podemos acercarnos a la tarea de aprender de una forma más acertada, aprovechando mejor el tiempo y diseñando mejor nuestras actividades.

[1] Anders Ericsson and Robert Pool, Peak: Secrets from the New Science of Expertise(New York: Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company, 2016)

Cómo seguir tu pasión

Muchos de nosotros queremos encontrar lo que nos apasiona para dedicarnos a eso. Los consejos para la vida profesional que más escuchamos son más o menos como este: “sigue tu pasión y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida”. ¿Cómo podemos lograrlo?

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La pasión es amor por algo que nos hace sentir bien, como cuando vemos un partido del mundial y nos llenamos de euforia porque nuestro equipo meitó gol o como cuando vemos a nuestro artista favorito en concierto. Pero es difícil imaginar que puedo sentirme de esa forma con el trabajo. Es difícil imaginar también que todo lo que es placentero o todo lo que le da significado a mi vida se reduce o es lo mismo que lo que me apasiona: por ejemplo, parte de lo que le da sentido a mi vida es fomentar relaciones con los miembros de mi familia, pero no podría clasificar de “apasionante” el ir a ver a mi abuelita.

En este sentido, es absurdo pensar que el trabajo me va a apasionar. Y esto es cierto: lo último que debemos usar para saber si estamos trabajando en algo que valga la pena es buscar si sentimos pasión por ello. Lo que buscamos en el trabajo es significado, sentido, no emoción. Muchas veces, sí, el sentido viene acompañado de emoción, pero no todo el tiempo ni con tanta intensidad.

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Encontrar el sentido de algo es difícil. De hecho, es imposible encontrar el sentido de la vida sin las dificultades: ellas son los escalones que nos permiten ascender a un estado de vida satisfactorio. Deberíamos aprovecharlas siempre que las tengamos para fortalecernos. Tener problemas en la vida es normal, pero lo que no es normal es encontrar gente con el ánimo y la fortaleza para aprovechar esos problemas y convertirse en una persona más fuerte. Enel trabajo, esta habilidad de convertir a los problemas en oportunidades es posiblemente la que más nos puede garantizar el éxito.

Entonces, si definimos pasión no como un sentimiento sino como seguir a un ideal, el de intentar todos los días aprovechar los problemas para hacernos mejores, entonces la pasión sí que se puede vivir. Los ideales nos permiten vivir una vida con sentido y seguir nuestra pasión. Por eso, es importante buscar educación, como la que se imparte en Michael Polanyi College, que nos permite alcanzar estos ideales.

Lo que te hace feliz :)

Descarga una versión en PDF aquí: ¿Cómo alcanzar la felicidad?

Nadie diría que es feliz si no tiene paz. La paz es la felicidad. Pero la paz no es lo que todos creemos. Muchos creen que la paz es la ausencia de problemas, la armonía completa entre nuestros deseos y la realidad. Pero esto no es así. La paz se asemeja más a una montaña que puede ser sacudida por terremotos o abofeteada por las tormentas, pero sus cimientos permanecen sin perturbarse. La paz no es la ausencia de los problemas, sino que tener los cimientos de nuestra vida arraigados de tal forma que no puedan tumbarse ante los infortunios de la vida.

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Pero la paz, entonces, es un efecto, o un resultado de ciertas acciones y disposiciones interiores de la persona. En este ensayo veremos primero que los seres humanos estamos orientados a vivir con significado, orientados hacia un fin, luego veremos cómo solo puede lograrse eso a través de la responsabilidad, cómo esta nos permite ser libres y por último cómo nace la paz de estas condiciones.

No es nueva la idea de que los seres humanos nacimos para ser felices. Pero los filósofos antiguos estaban de acuerdo con que el único medio para ser felices es la virtud:

“el mayor bien del hombre es hablar de la virtud todos los días de su vida y conversar sobre todas las demás cosas que han sido objeto de mis discursos, ya sea examinándome a mí mismo, ya examinando a los demás, porque una vida sin examen no es vida”

-Platón, Apología de Sócrates 38a5-6

[…] decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera

-Aristóteles, Ética nicomáquea 1098a13

“para vivir apaciblemente basta la virtud en sí misma”

-Cicerón, Sobre la adivinación, II, 2.

Pero la virtud se adquiere a través del uso correcto de la razón. Es decir, para adquirir la virtud debemos saber qué es lo que es correcto para nosotros y cómo aplicarlo a las circunstancias de nuestra vida, en el momento correcto, de la forma correcta, utilizando los medios correctos. De esta forma, podemos definir a la virtud como: utilizar el medio correcto para llegar al fin correcto en el tiempo y medida correcto. Para obtener la virtud, entonces esa capacidad de ser virtuosos debe ser educada: la razón debe ser educada. Y en esto radica el sentido existencial de la educación: solo a través de ella podemos llegar a la felicidad, que es el estado de paz, cuyos cimientos son la responsabilidad y el sentido profundo que tiene lo que hacemos en la vida.

Si la felicidad consiste en adquirir las virtudes correctas para vivir de un cierto modo, eso solo puede lograrse a través de un compromiso diario con vivir de ese modo específico. En otras palabras, la esencia de la felicidad es la responsabilidad. La vida nos plantea un reto y ese reto debe ser contestado. Nos enseña Viktor Frankl:

“Si tuviéramos que repasar rápidamente las claves que hacen que el análisis existencial reconozca la responsabilidad como la esencia de la existencia, tendríamos que comenzar por invertir la pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida? […] es a él [al hombre] a quien se le hace esta pregunta, y a que es la vida misma quien se encarga de hacer esta pregunta. Y el hombre tiene que contestarle a la vida con una respuesta que sea su vida misma; tiene que responder siendo responsable; en otras palabras, la respuesta es necesariamente una respuesta-en-acción.” Frankl, El hombre en busca del sentido, 36

Pero, ¿responsabilidad hacia qué, exactamente?

Viktor Frankl nos dice: “Toda libertad tiene un ‘de qué’ y un ‘hacia qué’. ” (Frankl, 71). Entendemos libertad en un sentido de acción, una orientación hacia actividades ya sea de la mente, del cuerpo o del alma. Estas tres áreas de la persona, mental, corporal y espiritual, tienen una orientación existencial. Tienen, por así decirlo, un llamado hacia la perfección que corresponde a cada una. Así, podemos decir que la perfección del cuerpo es que haga bien su función: que tenga salud, que no esté impedido de forma artificial o natural, que esté fuerte y que tenga larga vida. La mente es para pensar, para expandir nuestros horizontes y entender mejor al mundo. El espíritu tiene como función la compasión y la comprensión de nuestras propias vidas; es, a saber, la parte más humana de nosotros y que nos permite darle sentido a nuestras vidas.

La responsabilidad existe en torno a esas tres áreas, en que debemos llevarlas a su propia función. Estamos delimitados por esas tres áreas y son las que nos dan contexto para existir. Sin un compromiso fuerte por llevarlas a esa perfección, no tenemos libertad porque se pierde el sentido de lo que hacemos. La responsabilidad es lo que nos permite ser totalmente libres.

Pero normalmente tenemos enemigos en nuestra educación y tenemos que formar a nuestro intelecto, a la razón, para que pueda identificarlos y luchar efectivamente contra ellos. El estar en la condición de poder hacer esta lucha le llamamos libertad también, porque es un compromiso responsable hacia llevar a nuestras vidas hacia la orientación existencial que tienen. Es por eso también que nadie está limitado a ser libre por factores externos, porque la libertad es un compromiso: es vivir responsablemente sin importar las condiciones externas.

Por eso, los antiguos habían desarrollado las artes liberales: las artes que nos llevan a estar situados en la libertad. Tradicionalmente eran siete, divididas en dos grupos: las de la mente y las del mundo. Y ese que les llamaban artes porque consistían en el proceso de transformación de sí mismos hacia seres libres. A través de las artes liberales se hacían artífices de su propia persona.

La felicidad es, pues, vivir responsablemente, comprometidos con ser libres y decidir el bien para nuestra propia persona. Es una lucha constante en contra de lo que nos tira hacia la mentira, la destrucción y la violencia. Es ahí, en el silencio interior de cada persona, en el sufrimiento qué hay por vivir los ideales que tenemos, donde está esta lucha.

Cinco pasos para derrocar a tiranos

Los tiranos se han vuelto a poner de moda. La pregunta que muchos podremos hacernos es: ¿cómo podemos impedir que haya más de ellos? Todos podemos ser parte de la solución, si seguimos estos cinco pasos.

  1. Debemos derrocar al tirano interno primero. Si no somos capaces de enfrentar nuestros propios problemas emocionales, psicológicos, profesionales, ¿por qué creemos que tendremos la fuerza para hacerlo en la vida pública? Cuando nos esforzamos por que no nos dominen nuestras emociones, por tener vidas ordenadas y por ser buenas personas, somos capaces de influir en otros y tener vidas llenas de paz. Si no tenemos paz, no podremos dársela a la sociedad en la que vivimos. El mejor bien que le podemos hacer a la sociedad es ser buenas personas, teniendo vidas ordenadas.
  2. Priorizar mis relaciones interpersonales: aquí también hay orden. Una vez he tenido que luchar contra mis demonios internos, tengo que decidirme a hacer el bien a mi prójimo. Pero, ¿quién es mi prójimo? La palabra misma nos sugiere una respuesta: “prójimo” es la persona que tengo a la par. Pues en esta vida, quienes tenemos a la par son primero nuestros padres y hermanos, luego nuestros amigos, luego con quienes trabajamos y así hasta que se acaba la red de personas que conocemos. Primero debemos hacer el bien a quienes más cercanos están a nosotros, quienes son más prójimos. Así, pues, quien abandona a su familia constantemente para ir a ayudar a pobres, abandonando sus deberes familiares, no hace un buen servicio a la sociedad.
  3. Defender al débil: una vez somos fuertes, podemos defender a quienes no se pueden valer por sí mismos de los opresores. Podemos enfrentar a un jefe que abusa de una compañera de trabajo, podemos denunciar robos que vemos, podemos intentar incluso impedir actos de violencia, a veces hasta dando la vida por los demás.
  4. Ser prudente en el uso de la violencia: muchos hemos escuchado el dicho “violencia engendra violencia;” con lo que se quiere decir: si somos excesivamente violentos solamente vamos a lograr que surja más violencia. Por eso, al tener que usar la fuerza para impedir un mal, no la usamos en exceso, sino simplemente lo suficiente para impedir que un inocente sea dañado.
  5. Enseñar a otros: finalmente, debemos compartir estos cinco pasos y enseñar a otros a ser fuertes, para que puedan combatir en sus propios ámbitos a todos los tiranos que surgen en la sociedad, desde los más insignificantes, hasta los más opresivos y poderosos.

Siguiendo estos cinco pasos, podemos construir una sociedad más pacífica, donde el respeto hacia los demás, el diálogo y la comprensión sean las vías para la paz, evitando la coerción y la violencia.

Introducción a la filosofía III

Todos somos seres racionales hasta que nos enfrentamos con el tráfico. Se siente bien ir camino a casa, pero ¡este no quiere darme paso! Ah… mira, ahí va ese subnormal que atascó la intersección y ahora nadie puede pasar. Un conductor que estaba detrás mío, quien se aferraba a la bocina como si su vida dependiera de ello, se encontró con un policía de tránsito que le dijo, no sin cierto grado de sarcasmo, “¡Consígase un avión amigo!”

La verdad es que deseamos orden porque no podemos comprender al mundo y, por lo tanto actuar, sin él. Pero nuestras mentes vienen equipadas para enfrentar la realidad y están, por decirlo de una forma, programadas para entenderlo. El programa que usan para comprender el mundo es la razón.

La razón es la que desarrolla las teorías acerca del mundo y estas surgen después de que nos encontramos con el asombro. Es a partir del asombro que nos acercamos a investigar. Luego tenemos que intentar explicar lo que vemos y razonarlo: ¿por qué es así? ¿Qué permite que sea como es? Para ello, la razón se divide en tres tres actos: comprensión, juicio, razonamiento. Explicaré cada uno por separado.

  1. Comprensión: es el acto de adquirir información acerca de un concepto. Cuando entiendo qué es un “hombre” o un “gato” estoy comprendiendo. La comprensión es cuando la mente crea una imagen de un objeto o idea que está fuera de ella. Estos conceptos los ponemos en palabras y son las estructuras básicas de la comunicación y del conocimiento. La comprensión es, pues, como el átomo del conocimiento. Los términos no pueden ser verdaderos o falsos. La comprensión produce en la mente un término. Cuando respondemos a la pregunta ¿qué es? estamos preguntando acerca de la definición de un término, lo cual nos da comprensión.

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  1. Juicio: el juicio es cuando relacionamos dos conceptos y enunciamos algo acerca de la realidad. Los juicios pueden ser verdaderos o falsos y son las bases de la argumentación. Como dice Aristóteles: “es la combinación de los términos de donde surgen enunciados positivos o negativos.” (Categoriae 2a, 5). Cuando respondemos a la pregunta “¿existe algo?” estamos, efectivamente, enunciando un juicio.
  2. Razonamiento: el razonamiento responde a la pregunta “¿por qué es?” Es el acto de la mente que nos permite comprender lo que nos rodea y el más importante para vivir una vida llena de satisfacción. Sin embargo, no se puede razonar si no se puede hacer bien los primeros dos actos: la comprensión y el juicio.

Ser racionales es lo que nos permite ser felices y tener una vida satisfactoria. Por eso es que sirve aprender herramientas que nos permitan utilizar mejor nuestras mentes y comprender el mundo que nos rodea.

Introducción a la filosofía II

Fue sorprendente esa frase de Sócrates. Recuerdo que la primera vez que la leí dije a mis adentros “Sócrates está loco y merecía estar en un manicomio no en la cárcel.” Pero leyendo el diálogo y discutiendo con mis amigos, fui entendiendo varias ideas que la enseñanza del maestro griego contenía. Primero es que es verdad que moriremos y que no podemos escapar esa realidad. Segundo es que la vida se trata de la búsqueda de qué hacer durante el tiempo que tenemos, porque la muerte se acerca con cada minuto que pasa. Naturalmente, si nos detenemos a pensar en esas dos ideas, surge la pregunta: ¿qué es lo más importante que puedo hacer con mi tiempo si es limitado? Esta es la pregunta que se hacía Sócrates y fue la razón por la que decidió abandonarse en la búsqueda de la sabiduría y la verdad. La filosofía es, entonces, el estudio de decidir qué es lo mejor que podemos hacer con nuestro tiempo limitado en la tierra y luego hacerlo. El practicar esto es el amor a la sabiduría, porque es lo que nos hará realmente felices.
Intentaré en estas líneas, pobres pero sinceras, explicar en cuatro a cinco posts que se puedan leer en menos de cinco minutos, los siguientes temas:
  1. el camino que comienza con el asombro;
  2. luego cómo se desarrollan teorías acerca del mundo y la creación de un sistema que lo explica;
  3. el papel que juega la lógica y las cuestiones sobre el más allá: la relación entre la razón y la búsqueda de Dios.
Comienzo con el asombro. Creo que en algún punto de nuestra educación casi todos perdemos la capacidad de asombrarnos. No sé cuál sea la causa de ello, si es porque estudiar física nos aburre o no nos va bien en las matemáticas y luego les huimos o pensamos que leer y disfrutar del Quijote es para geeks. La triste realidad es que perdemos el gusto por las cosas y dejamos de ver al mundo como un jardín que contiene tesoros que no podemos imaginar. Pero Aristóteles dice: “Todos los hombres desean por naturaleza el saber.” (Metaphysica, A) El asombro es lo primero que nos llama la atención hacia un objeto y nos impele a aprender más acerca de él: qué es, por qué existe, cuáles son sus características, de dónde vino y hacia dónde va. Es así como un hombre primero se acerca a hablarle a una mujer: le atrae y le parece bella. Lo mismo es con el mundo. Es como si estuviéramos programados para admirarlo y ver su belleza.
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Si queremos tener una vida llena de significado y de paz, debemos profundizar en este asombro. Mutilar nuestra curiosidad por saber cómo funcionan las cosas del mundo es camino seguro para tener una vida gris, sin emoción, sin el anhelo profundo que nos hace seres humanos: el deseo de saber por qué vivimos y para qué es esta vida. Siguiendo la luz que nos brinda la llama de la curiosidad, los filósofos intentamos indagar en esos misterios de la vida y es así como buscamos desarrollar explicaciones acerca del mundo.

Introducción a la filosofía 1

Esta es una historia personal, tal vez sorprendente. No tengo otro punto de vista desde donde contarla así que lo haré con un tono autobiográfico que, si bien puede quitarle seriedad académica, no por eso dejará de ser un intento de hacer una profunda reflexión acerca de lo que es la filosofía.

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Muchos me han preguntado acerca de mi interés por la filosofía: ¿por qué decidí estudiarla? ¿Qué pensaba yo en el momento en el que decidí que eso quería y que no me enfocaría en estudiar una carrera para conseguir empleo? La verdad es que nunca me preocupó el empleo, no porque yo tuviera una visión o un plan acerca de cómo me desarrollaría profesionalmente, sino que sabía que quería responder las preguntas más importantes en mi vida y que vivir del alimento del alma era más importante para mí que vivir una vida materialmente satisfactoria.

Cuando estaba en mi penúltimo año del colegio, mi papá me ayudó a plantearme dónde estudiar. Él tenía la disponibilidad de pagarme los estudios en el extranjero así que me ayudó a seleccionar universidades en EEUU. La opinión que él tenía era que, como yo no sabía qué estudiar, debía exponerme a una amplia gama de ideas y de materias para poder elegir la que más me gustaba. Poco sabía él, y menos yo, las dificultades con las que me encontraría y la fuerza que esas dificultades le dieron a las ideas que he ido desarrollando a partir de esos años. Lo que puedo decir con certeza, después de diez años de reflexión y de búsqueda, es que concuerdo con la idea de uno de mis mayores maestros: “Me temo que otra gente no caiga en la cuenta de que el único objetivo de quienes practican la filosofía en la manera correcta es practicar para el morir y la muerte.” (Fedón, 64, a-b).