Cómo seguir tu pasión

Muchos de nosotros queremos encontrar lo que nos apasiona para dedicarnos a eso. Los consejos para la vida profesional que más escuchamos son más o menos como este: “sigue tu pasión y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida”. ¿Cómo podemos lograrlo?

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La pasión es amor por algo que nos hace sentir bien, como cuando vemos un partido del mundial y nos llenamos de euforia porque nuestro equipo meitó gol o como cuando vemos a nuestro artista favorito en concierto. Pero es difícil imaginar que puedo sentirme de esa forma con el trabajo. Es difícil imaginar también que todo lo que es placentero o todo lo que le da significado a mi vida se reduce o es lo mismo que lo que me apasiona: por ejemplo, parte de lo que le da sentido a mi vida es fomentar relaciones con los miembros de mi familia, pero no podría clasificar de “apasionante” el ir a ver a mi abuelita.

En este sentido, es absurdo pensar que el trabajo me va a apasionar. Y esto es cierto: lo último que debemos usar para saber si estamos trabajando en algo que valga la pena es buscar si sentimos pasión por ello. Lo que buscamos en el trabajo es significado, sentido, no emoción. Muchas veces, sí, el sentido viene acompañado de emoción, pero no todo el tiempo ni con tanta intensidad.

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Encontrar el sentido de algo es difícil. De hecho, es imposible encontrar el sentido de la vida sin las dificultades: ellas son los escalones que nos permiten ascender a un estado de vida satisfactorio. Deberíamos aprovecharlas siempre que las tengamos para fortalecernos. Tener problemas en la vida es normal, pero lo que no es normal es encontrar gente con el ánimo y la fortaleza para aprovechar esos problemas y convertirse en una persona más fuerte. Enel trabajo, esta habilidad de convertir a los problemas en oportunidades es posiblemente la que más nos puede garantizar el éxito.

Entonces, si definimos pasión no como un sentimiento sino como seguir a un ideal, el de intentar todos los días aprovechar los problemas para hacernos mejores, entonces la pasión sí que se puede vivir. Los ideales nos permiten vivir una vida con sentido y seguir nuestra pasión. Por eso, es importante buscar educación, como la que se imparte en Michael Polanyi College, que nos permite alcanzar estos ideales.

Lo que te hace feliz :)

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Nadie diría que es feliz si no tiene paz. La paz es la felicidad. Pero la paz no es lo que todos creemos. Muchos creen que la paz es la ausencia de problemas, la armonía completa entre nuestros deseos y la realidad. Pero esto no es así. La paz se asemeja más a una montaña que puede ser sacudida por terremotos o abofeteada por las tormentas, pero sus cimientos permanecen sin perturbarse. La paz no es la ausencia de los problemas, sino que tener los cimientos de nuestra vida arraigados de tal forma que no puedan tumbarse ante los infortunios de la vida.

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Pero la paz, entonces, es un efecto, o un resultado de ciertas acciones y disposiciones interiores de la persona. En este ensayo veremos primero que los seres humanos estamos orientados a vivir con significado, orientados hacia un fin, luego veremos cómo solo puede lograrse eso a través de la responsabilidad, cómo esta nos permite ser libres y por último cómo nace la paz de estas condiciones.

No es nueva la idea de que los seres humanos nacimos para ser felices. Pero los filósofos antiguos estaban de acuerdo con que el único medio para ser felices es la virtud:

“el mayor bien del hombre es hablar de la virtud todos los días de su vida y conversar sobre todas las demás cosas que han sido objeto de mis discursos, ya sea examinándome a mí mismo, ya examinando a los demás, porque una vida sin examen no es vida”

-Platón, Apología de Sócrates 38a5-6

[…] decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera

-Aristóteles, Ética nicomáquea 1098a13

“para vivir apaciblemente basta la virtud en sí misma”

-Cicerón, Sobre la adivinación, II, 2.

Pero la virtud se adquiere a través del uso correcto de la razón. Es decir, para adquirir la virtud debemos saber qué es lo que es correcto para nosotros y cómo aplicarlo a las circunstancias de nuestra vida, en el momento correcto, de la forma correcta, utilizando los medios correctos. De esta forma, podemos definir a la virtud como: utilizar el medio correcto para llegar al fin correcto en el tiempo y medida correcto. Para obtener la virtud, entonces esa capacidad de ser virtuosos debe ser educada: la razón debe ser educada. Y en esto radica el sentido existencial de la educación: solo a través de ella podemos llegar a la felicidad, que es el estado de paz, cuyos cimientos son la responsabilidad y el sentido profundo que tiene lo que hacemos en la vida.

Si la felicidad consiste en adquirir las virtudes correctas para vivir de un cierto modo, eso solo puede lograrse a través de un compromiso diario con vivir de ese modo específico. En otras palabras, la esencia de la felicidad es la responsabilidad. La vida nos plantea un reto y ese reto debe ser contestado. Nos enseña Viktor Frankl:

“Si tuviéramos que repasar rápidamente las claves que hacen que el análisis existencial reconozca la responsabilidad como la esencia de la existencia, tendríamos que comenzar por invertir la pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida? […] es a él [al hombre] a quien se le hace esta pregunta, y a que es la vida misma quien se encarga de hacer esta pregunta. Y el hombre tiene que contestarle a la vida con una respuesta que sea su vida misma; tiene que responder siendo responsable; en otras palabras, la respuesta es necesariamente una respuesta-en-acción.” Frankl, El hombre en busca del sentido, 36

Pero, ¿responsabilidad hacia qué, exactamente?

Viktor Frankl nos dice: “Toda libertad tiene un ‘de qué’ y un ‘hacia qué’. ” (Frankl, 71). Entendemos libertad en un sentido de acción, una orientación hacia actividades ya sea de la mente, del cuerpo o del alma. Estas tres áreas de la persona, mental, corporal y espiritual, tienen una orientación existencial. Tienen, por así decirlo, un llamado hacia la perfección que corresponde a cada una. Así, podemos decir que la perfección del cuerpo es que haga bien su función: que tenga salud, que no esté impedido de forma artificial o natural, que esté fuerte y que tenga larga vida. La mente es para pensar, para expandir nuestros horizontes y entender mejor al mundo. El espíritu tiene como función la compasión y la comprensión de nuestras propias vidas; es, a saber, la parte más humana de nosotros y que nos permite darle sentido a nuestras vidas.

La responsabilidad existe en torno a esas tres áreas, en que debemos llevarlas a su propia función. Estamos delimitados por esas tres áreas y son las que nos dan contexto para existir. Sin un compromiso fuerte por llevarlas a esa perfección, no tenemos libertad porque se pierde el sentido de lo que hacemos. La responsabilidad es lo que nos permite ser totalmente libres.

Pero normalmente tenemos enemigos en nuestra educación y tenemos que formar a nuestro intelecto, a la razón, para que pueda identificarlos y luchar efectivamente contra ellos. El estar en la condición de poder hacer esta lucha le llamamos libertad también, porque es un compromiso responsable hacia llevar a nuestras vidas hacia la orientación existencial que tienen. Es por eso también que nadie está limitado a ser libre por factores externos, porque la libertad es un compromiso: es vivir responsablemente sin importar las condiciones externas.

Por eso, los antiguos habían desarrollado las artes liberales: las artes que nos llevan a estar situados en la libertad. Tradicionalmente eran siete, divididas en dos grupos: las de la mente y las del mundo. Y ese que les llamaban artes porque consistían en el proceso de transformación de sí mismos hacia seres libres. A través de las artes liberales se hacían artífices de su propia persona.

La felicidad es, pues, vivir responsablemente, comprometidos con ser libres y decidir el bien para nuestra propia persona. Es una lucha constante en contra de lo que nos tira hacia la mentira, la destrucción y la violencia. Es ahí, en el silencio interior de cada persona, en el sufrimiento qué hay por vivir los ideales que tenemos, donde está esta lucha.

Cinco pasos para derrocar a tiranos

Los tiranos se han vuelto a poner de moda. La pregunta que muchos podremos hacernos es: ¿cómo podemos impedir que haya más de ellos? Todos podemos ser parte de la solución, si seguimos estos cinco pasos.

  1. Debemos derrocar al tirano interno primero. Si no somos capaces de enfrentar nuestros propios problemas emocionales, psicológicos, profesionales, ¿por qué creemos que tendremos la fuerza para hacerlo en la vida pública? Cuando nos esforzamos por que no nos dominen nuestras emociones, por tener vidas ordenadas y por ser buenas personas, somos capaces de influir en otros y tener vidas llenas de paz. Si no tenemos paz, no podremos dársela a la sociedad en la que vivimos. El mejor bien que le podemos hacer a la sociedad es ser buenas personas, teniendo vidas ordenadas.
  2. Priorizar mis relaciones interpersonales: aquí también hay orden. Una vez he tenido que luchar contra mis demonios internos, tengo que decidirme a hacer el bien a mi prójimo. Pero, ¿quién es mi prójimo? La palabra misma nos sugiere una respuesta: “prójimo” es la persona que tengo a la par. Pues en esta vida, quienes tenemos a la par son primero nuestros padres y hermanos, luego nuestros amigos, luego con quienes trabajamos y así hasta que se acaba la red de personas que conocemos. Primero debemos hacer el bien a quienes más cercanos están a nosotros, quienes son más prójimos. Así, pues, quien abandona a su familia constantemente para ir a ayudar a pobres, abandonando sus deberes familiares, no hace un buen servicio a la sociedad.
  3. Defender al débil: una vez somos fuertes, podemos defender a quienes no se pueden valer por sí mismos de los opresores. Podemos enfrentar a un jefe que abusa de una compañera de trabajo, podemos denunciar robos que vemos, podemos intentar incluso impedir actos de violencia, a veces hasta dando la vida por los demás.
  4. Ser prudente en el uso de la violencia: muchos hemos escuchado el dicho “violencia engendra violencia;” con lo que se quiere decir: si somos excesivamente violentos solamente vamos a lograr que surja más violencia. Por eso, al tener que usar la fuerza para impedir un mal, no la usamos en exceso, sino simplemente lo suficiente para impedir que un inocente sea dañado.
  5. Enseñar a otros: finalmente, debemos compartir estos cinco pasos y enseñar a otros a ser fuertes, para que puedan combatir en sus propios ámbitos a todos los tiranos que surgen en la sociedad, desde los más insignificantes, hasta los más opresivos y poderosos.

Siguiendo estos cinco pasos, podemos construir una sociedad más pacífica, donde el respeto hacia los demás, el diálogo y la comprensión sean las vías para la paz, evitando la coerción y la violencia.

Introducción a la filosofía III

Todos somos seres racionales hasta que nos enfrentamos con el tráfico. Se siente bien ir camino a casa, pero ¡este no quiere darme paso! Ah… mira, ahí va ese subnormal que atascó la intersección y ahora nadie puede pasar. Un conductor que estaba detrás mío, quien se aferraba a la bocina como si su vida dependiera de ello, se encontró con un policía de tránsito que le dijo, no sin cierto grado de sarcasmo, “¡Consígase un avión amigo!”

La verdad es que deseamos orden porque no podemos comprender al mundo y, por lo tanto actuar, sin él. Pero nuestras mentes vienen equipadas para enfrentar la realidad y están, por decirlo de una forma, programadas para entenderlo. El programa que usan para comprender el mundo es la razón.

La razón es la que desarrolla las teorías acerca del mundo y estas surgen después de que nos encontramos con el asombro. Es a partir del asombro que nos acercamos a investigar. Luego tenemos que intentar explicar lo que vemos y razonarlo: ¿por qué es así? ¿Qué permite que sea como es? Para ello, la razón se divide en tres tres actos: comprensión, juicio, razonamiento. Explicaré cada uno por separado.

  1. Comprensión: es el acto de adquirir información acerca de un concepto. Cuando entiendo qué es un “hombre” o un “gato” estoy comprendiendo. La comprensión es cuando la mente crea una imagen de un objeto o idea que está fuera de ella. Estos conceptos los ponemos en palabras y son las estructuras básicas de la comunicación y del conocimiento. La comprensión es, pues, como el átomo del conocimiento. Los términos no pueden ser verdaderos o falsos. La comprensión produce en la mente un término. Cuando respondemos a la pregunta ¿qué es? estamos preguntando acerca de la definición de un término, lo cual nos da comprensión.

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  1. Juicio: el juicio es cuando relacionamos dos conceptos y enunciamos algo acerca de la realidad. Los juicios pueden ser verdaderos o falsos y son las bases de la argumentación. Como dice Aristóteles: “es la combinación de los términos de donde surgen enunciados positivos o negativos.” (Categoriae 2a, 5). Cuando respondemos a la pregunta “¿existe algo?” estamos, efectivamente, enunciando un juicio.
  2. Razonamiento: el razonamiento responde a la pregunta “¿por qué es?” Es el acto de la mente que nos permite comprender lo que nos rodea y el más importante para vivir una vida llena de satisfacción. Sin embargo, no se puede razonar si no se puede hacer bien los primeros dos actos: la comprensión y el juicio.

Ser racionales es lo que nos permite ser felices y tener una vida satisfactoria. Por eso es que sirve aprender herramientas que nos permitan utilizar mejor nuestras mentes y comprender el mundo que nos rodea.

Introducción a la filosofía II

Fue sorprendente esa frase de Sócrates. Recuerdo que la primera vez que la leí dije a mis adentros “Sócrates está loco y merecía estar en un manicomio no en la cárcel.” Pero leyendo el diálogo y discutiendo con mis amigos, fui entendiendo varias ideas que la enseñanza del maestro griego contenía. Primero es que es verdad que moriremos y que no podemos escapar esa realidad. Segundo es que la vida se trata de la búsqueda de qué hacer durante el tiempo que tenemos, porque la muerte se acerca con cada minuto que pasa. Naturalmente, si nos detenemos a pensar en esas dos ideas, surge la pregunta: ¿qué es lo más importante que puedo hacer con mi tiempo si es limitado? Esta es la pregunta que se hacía Sócrates y fue la razón por la que decidió abandonarse en la búsqueda de la sabiduría y la verdad. La filosofía es, entonces, el estudio de decidir qué es lo mejor que podemos hacer con nuestro tiempo limitado en la tierra y luego hacerlo. El practicar esto es el amor a la sabiduría, porque es lo que nos hará realmente felices.
Intentaré en estas líneas, pobres pero sinceras, explicar en cuatro a cinco posts que se puedan leer en menos de cinco minutos, los siguientes temas:
  1. el camino que comienza con el asombro;
  2. luego cómo se desarrollan teorías acerca del mundo y la creación de un sistema que lo explica;
  3. el papel que juega la lógica y las cuestiones sobre el más allá: la relación entre la razón y la búsqueda de Dios.
Comienzo con el asombro. Creo que en algún punto de nuestra educación casi todos perdemos la capacidad de asombrarnos. No sé cuál sea la causa de ello, si es porque estudiar física nos aburre o no nos va bien en las matemáticas y luego les huimos o pensamos que leer y disfrutar del Quijote es para geeks. La triste realidad es que perdemos el gusto por las cosas y dejamos de ver al mundo como un jardín que contiene tesoros que no podemos imaginar. Pero Aristóteles dice: “Todos los hombres desean por naturaleza el saber.” (Metaphysica, A) El asombro es lo primero que nos llama la atención hacia un objeto y nos impele a aprender más acerca de él: qué es, por qué existe, cuáles son sus características, de dónde vino y hacia dónde va. Es así como un hombre primero se acerca a hablarle a una mujer: le atrae y le parece bella. Lo mismo es con el mundo. Es como si estuviéramos programados para admirarlo y ver su belleza.
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Si queremos tener una vida llena de significado y de paz, debemos profundizar en este asombro. Mutilar nuestra curiosidad por saber cómo funcionan las cosas del mundo es camino seguro para tener una vida gris, sin emoción, sin el anhelo profundo que nos hace seres humanos: el deseo de saber por qué vivimos y para qué es esta vida. Siguiendo la luz que nos brinda la llama de la curiosidad, los filósofos intentamos indagar en esos misterios de la vida y es así como buscamos desarrollar explicaciones acerca del mundo.

Introducción a la filosofía 1

Esta es una historia personal, tal vez sorprendente. No tengo otro punto de vista desde donde contarla así que lo haré con un tono autobiográfico que, si bien puede quitarle seriedad académica, no por eso dejará de ser un intento de hacer una profunda reflexión acerca de lo que es la filosofía.

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Muchos me han preguntado acerca de mi interés por la filosofía: ¿por qué decidí estudiarla? ¿Qué pensaba yo en el momento en el que decidí que eso quería y que no me enfocaría en estudiar una carrera para conseguir empleo? La verdad es que nunca me preocupó el empleo, no porque yo tuviera una visión o un plan acerca de cómo me desarrollaría profesionalmente, sino que sabía que quería responder las preguntas más importantes en mi vida y que vivir del alimento del alma era más importante para mí que vivir una vida materialmente satisfactoria.

Cuando estaba en mi penúltimo año del colegio, mi papá me ayudó a plantearme dónde estudiar. Él tenía la disponibilidad de pagarme los estudios en el extranjero así que me ayudó a seleccionar universidades en EEUU. La opinión que él tenía era que, como yo no sabía qué estudiar, debía exponerme a una amplia gama de ideas y de materias para poder elegir la que más me gustaba. Poco sabía él, y menos yo, las dificultades con las que me encontraría y la fuerza que esas dificultades le dieron a las ideas que he ido desarrollando a partir de esos años. Lo que puedo decir con certeza, después de diez años de reflexión y de búsqueda, es que concuerdo con la idea de uno de mis mayores maestros: “Me temo que otra gente no caiga en la cuenta de que el único objetivo de quienes practican la filosofía en la manera correcta es practicar para el morir y la muerte.” (Fedón, 64, a-b).

¿Qué tiene que ver la educación con la democracia?

A todos nos gustan los dulces, ya sean tartaritas, canillitas de leche, camote en dulce, bolitas de miel, mazapán, colochos, nuégados… Pues una vez, yo tenía una cajita que compré con mi dinero. Me lo había ganado barriendo una tiendita que habían puesto unos parientes en una feria. Yo tenía seis años y me pagaron diez Quetzales. Yo era millonario con diez Quetzales y compré mis dulces, como cualquier persona sensata haría a los seis años. No contaba con que mis dulces fueran considerados propiedad pública y mi mamá y mis hermanos decidieran que querían disfrutar también del fruto de mis labores. No es que no compartiera, pero yo tenía planes para esos dulces: quería llevarlos al colegio y compartirlos con mis amigos. Eso no fue posible, claro, debido al desvanecimiento veloz de mi capital de dulces.En mi caso, la planificación a futuro no fue posible: si yo no podía contar con mis dulces, si yo no podía saber cuándo iba a tenerlos, no era posible tampoco planificar algo que yo quisiera hacer con ellos en el futuro. Nadie puede hacer proyectos ni hacer planes a largo plazo si no se le garantiza que en el futuro tendrá lo que ahora tiene. En una sociedad, pues, sucede lo mismo: la propiedad privada es necesaria para cualquier sociedad que quiera salir de una existencia de subsistencia porque sin planes de largo plazo no podemos imaginarnos la creación de instituciones o de grandes obras de cultura. En Guatemala, el tipo de sociedad a la que aspiramos es una donde todos pueden desarrollarse a su máximo potencial: intelectual, social, físico y espiritual. En esta sociedad, es indispensable que haya propiedad privada: el derecho que tiene cada persona al fruto de sus labores, a sus pensamientos y movimientos. El buen funcionamiento de esta sociedad, pues, depende de que se conserve al menos este principio. Hay muchas opiniones acerca de lo que significa que una democracia esté bien gobernada, pero todas las filosofías democráticas coinciden con el siguiente principio: como condición básica para una democracia, podremos afirmar que está bien gobernada si las autoridades que hemos designado usan el poder para que se respete la propiedad privada.Sin embargo, para que esto suceda, los ciudadanos deben tener ciertas cualidades que les permitan elegir bien a sus gobernantes, tratarse con respeto y vivir en sociedad. Estas cualidades son como herramientas del buen vivir y no podemos vivir bien en una sociedad si no las tenemos. Sería absurdo pedirle a un carpintero que nos fabrique un mueble sin sus herramientas. Pues de igual manera es absurdo pedirle a una persona que sea un buen ciudadano en una democracia sin las cualidades correctas y estas solamente la educación puede dárnoslas. La persona que sabe vivir en una democracia sabe: respetar a los demás, cuidar los bienes propios y ajenos, no dejarse llevar por las pasiones sino que entender antes de juzgar y sabe educarse para velar por el bien común.La mayoría de nosotros entendemos educación como la asistencia a una institución que otorga títulos. Si bien esto es cierto, no es todo: la educación es un proceso, no un título. Consiste en la formación de la razón de una persona. Podemos decir que los seres humanos son los únicos seres en este mundo que nacen sin saber lo que es bueno para ellos. Si nos perdiéramos en la selva no sabríamos por instinto qué comer o cómo orientarnos, situación con la que no se enfrentan otros animales. Pero las personas nacemos con la capacidad de razonar.¿Qué es razonar? La razón, en su definición más básica, es la capacidad que tiene una persona de identificar los diferentes objetos que le rodean en el mundo y describir lo que hace que ese objeto sea ese objeto. Es decir, la razón nos permite ver un árbol, designarle características y separarlo de una piedra. Sabemos que esta última no sirve para hacer un fuego que nos permita cocinar nuestra comida. El uso de la razón es lo que nos permite tener sociedades tan complejas y, al compartir lo que descubrimos con otros miembros de nuestra sociedad, vamos adquiriendo una razón colectiva: un cuerpo de conocimiento compartido que llamamos cultura, ciencia, artes, etc.Sin embargo, la razón, como cualquier otra capacidad, puede usarse bien o mal. Muchos hemos tenido la experiencia de observar cómo un niño se lleva a la boca objetos que no deben ingerirse o llevarse cerca de la boca. Esto sucede porque el niño, a diferencia de nosotros, no ha identificado que un objeto tiene un propósito o que se puede utilizar bien o mal. Nuestra razón tiene la capacidad de identificar cuando hacemos algo bien o mal. Pero para ello, debemos educarla. La educación es, pues, el proceso de enseñarle a la razón a identificar bien los objetos y descubrir qué es lo que hace que un objeto sea ese determinado objeto y no otro.La educación es la formación de la razón. En una sociedad democrática, la educación forma a la razón para que pueda discernir cómo vivir en sociedad y cuál es la mejor forma de proteger la propiedad privada. Esto es lo que llamamos cultura: los ciudadanos deben crear hábitos de: valor por el aprendizaje, la curiosidad intelectual, el respeto por las ideas ajenas, el cuidado del prójimo, así como dice el manifiesto de #RespetoYa:Queremos una libertad de acción para que todos los guatemaltecos podamos buscar la felicidad en una sociedad donde se respete la propiedad privada (las ideas de cada persona, los frutos de su trabajo y su capacidad de ser cada día mejor), donde se le facilite a las personas ser mejores cada día y donde puedan encontrar el apoyo necesario en las dificultades que enfrentan.Buscamos construir una sociedad donde la norma sea que todos los guatemaltecos vivimos como hermanos, buscando apoyar a nuestro prójimo: la familia, los amigos y nuestros conciudadanos.Nos comprometemos con vivir según los siguientes valores:

  • Cariño: actuamos con cortesía hacia los demás, intentamos mostrar un sincero afecto hacia las personas por ser personas, no porque nos vayan a tratar mejor o esperando algo a cambio.
  • Compromiso con la verdad: no hablar mal de los demás y entender bien la situación antes de actuar; intentamos informarnos lo mejor posible acerca de las situaciones políticas, sociales, económicas que afectan nuestro entorno.
  • Respeto: nos esforzamos por honrar a los mayores, cuidar los bienes que se nos han encargado, cuidar al medio ambiente y velar por los derechos de los demás.
  • Coraje: nos esforzamos por luchar por los derechos de los demás, proteger al débil y decir siempre la verdad aunque signifique sufrir rechazo o calumnia.

Creemos en los siguientes derechos:

  • Propiedad privada: cada quien tiene derecho al fruto de sus labores, a sus ideas y locomoción, a buscar proteger su propiedad.
  • Derecho a la vida: existe el derecho a vivir, a que no nos quiten la vida arbitrariamente.

Si tenemos una educación (un proceso, no una institución) que forme a los ciudadanos en estos valores, será la mejor garantía de que se proteja la propiedad privada y que todos podamos vivir en paz y armonía. Nunca olvidaré las palabras talladas en piedra por encima de la entrada a la biblioteca pública de Boston:The Commonwealth requires the education of the people as the safeguard of order and liberty [La Comunidad requiere la educación del pueblo como resguardo del orden y la libertad]Las personas deben creer firmemente en los valores democráticos para que la sociedad democrática se sostenga. Sin un correcto uso de la razón, los seres humanos no podemos aspirar a lo mejor de nosotros mismos. La razón se usa correctamente solamente después de un proceso educativo riguroso y que sigue a lo largo de toda la vida. Somos personas y, como tales, vivimos en sociedad. Esa sociedad debe ser el mejor ecosistema para que podamos alcanzar nuestro máximo potencial intelectual, social, espiritual y físico. Creemos que la democracia es el mejor sistema para lograr esa meta noble, pero debe ser una democracia que proteja la propiedad privada.

Dos cosas que debes entender para ser libre

Hay un cuento que se llama “Vuelva usted mañana” que captura la frustración que muchos quienes vivimos en un país subdesarrollado sentimos con las organizaciones gubernamentales o las ineficiencias en el trabajo de la gente. ¿Quién no se ha quejado de que el plomero no llega el día que prometió? ¿O de tener que volver una y otra vez a una oficina del gobierno para realizar un trámite sencillo? Los dolores de cabeza con estas situaciones son interminables.

Recuerdo una historia que narraba una amiga que una mañana tuvo que ir al registro de las personas de su país para pedir que emitieran su documento personal. Entregó la información y cuando le preguntaron si estaba casada dijo que sí. “¿Su esposo ha fallecido recientemente?” le preguntó el agente que le atendía. Angustiada, ella llamó a su esposo para ver si algo le había sucedido, pero era simplemente un error en el sistema del registro de las personas. Vaya forma de comenzar el día.

Lo cierto de todo esto es que vivimos en una sociedad que no funciona como debería y, la mayor de las veces, es tal su disfunción que se puede afirmar que no funciona en absoluto. En una sociedad como la nuestra, no son solamente las instituciones las que muestran disfunción, sino que la gente también carece de hábitos de trabajo y capacidad de relacionarse entre sí con responsabilidad. Y es que este es un problema de subdesarrollo. El subdesarrollo es una carencia de hábitos de convivencia, de salud, de inteligencia en los individuos de una determinada sociedad. El desarrollo viene cuando logramos solucionar este problema y creamos sociedades donde se pueden adquirir estos hábitos de vida.

Entonces, ¿cómo logramos el desarrollo? La respuesta está en la definición de dos conceptos clave:

  1. debemos comprender qué es el desarrollo humano y;
  2. responder: ¿qué permite que suceda?

Vamos a responder al primer punto. El desarrollo humano es un llamado que la ley natural inscribe en el hombre. Es un llamado a perfeccionarse y a alcanzar su máximo potencial. Así definido es fácil comprender que el desarrollo sucede en y desde los individuos que se comprometen a vivir ciertos ideales y luchan por alcanzarlos. Ciertamente, desde este punto de vista, el auténtico desarrollo es un ideal inalcanzable. Sin embargo, es posible ir acercándose poco a poco a él, aunque jamás sea un proyecto “terminado.”

Pero porque es un llamado a la perfección, el desarrollo no es simplemente salir de la pobreza. El desarrollo es un estado donde el hombre vive en armonía perfecta en su entorno, es un ser perfectamente ecológico que es capaz de orientar la naturaleza y llevarla hacia su verdadero sentido. Si llegara a suceder el desarrollo perfecto (el cual muchos llamamos una utopía o sociedad ideal), todos los males desaparecerían: no habría pasión desenfrenada, habría orden completo, habría un total dominio del universo.

Vamos ahora al segundo punto. Desarrollo sucede, entonces, con una educación sólida que permita que los individuos adquieran buenos hábitos de trabajo, responsabilidad hacia sí mismos y los demás, capacidad de convivencia, capacidad intelectual que les permita adquirir destrezas complejas para ser productivos en la economía contemporánea. Estos hábitos permitirán que haya relaciones entre los individuos que crean hábitos de crecimiento intelectual, social, físico y espiritual.

Está claro que esto no puede suceder si no hay instituciones naturales fuertes. Las instituciones naturales son las que surgen por la misma naturaleza del hombre: la religión, la familia, las amistades, las organizaciones cívicas de recreación, las empresas. Todas estas organizaciones son las que no utilizan la fuerza o la coerción para llevar a cabo sus misiones. Estas instituciones son las que permiten que las personas se lleven bien, aprendan, crezcan intelectualmente y puedan ir perfeccionándose cada vez más. Claro, estas instituciones no florecen, al menos en sociedades que aún no se han desarrollado, sin el respaldo del Estado, que garantiza la propiedad privada: el derecho que tiene cada persona a su propio ser y al fruto de sus labores.

Con una respuesta clara, pues, a lo que es el desarrollo humano y qué es lo que permite que suceda, logramos crear puntos de partida que nos permitan ir hacia un desarrollo integral y no solamente “salir de la pobreza.” Si no tenemos los cimientos para una sociedad que permita que los individuos dentro de ella adquieran hábitos de convivencia y de crecimiento personal, no podremos lograr un desarrollo que sea digno de los seres humanos, donde los medios económicos y sociales están orientados a servir a las personas y no al revés. Por eso, cada quien, desde donde esté, puede ser parte de la solución comprometiéndose a desarrollar estos hábitos personales.

Tienes que escuchar esto…

Dedicado a mi abuelo Félix, ejemplo de fortaleza.

Durante varios años, un hombre se enfrentaba al espejo inmediatamente después de despertar y se decía a sí mismo: “Todas las dificultades son oportunidades para aprender a ser una mejor persona.”

Un día, llegaron sus emociones a intentar apoderarse de él. El enojo le decía: “Grítale a quien te falta el respeto.” La tristeza le decía: “Nada en esta vida vale la pena.” La euforia le decía: “Vive hoy y no pienses en mañana.” Sin embargo, el hombre solo las observaba y guardaba silencio, inmóvil ante las solicitudes de sus pasiones.

Luego llegó la escasez económica. Día a día, el hombre temía morir de hambre, pero su ingenio le permitía aprovecharse de las circunstancias y aprender para no desfallecer. Así, conseguía trabajos y se las ingeniaba para sobrevivir.

Después, el hombre tuvo mucho dolor físico por una caída que sufrió. Pasó meses volviendo a aprender a caminar y a hacer tareas que antes eran fáciles. Sin embargo, el hombre experimentó lo que era el cariño y la compasión de sus queridos, que lo acompañaron durante todo el proceso y cuidaron de él.

El hombre vivió en paz y felicidad hasta el final de sus días.

No cabe duda de que las cosas que nos decimos a nosotros mismos tienen poder: de cambiar la forma en la que percibimos la realidad, de determinar lo que nos hace felices o infelices. Día tras día, tomamos decisiones conscientes o inconscientes de cómo vamos a interpretar los eventos en nuestras vidas. No hay duda de que, en nuestros corazones, esta historia que formamos de nosotros mismos determina si somos felices o no.

Vivimos en un mundo publicitario donde los medios y las personas que nos rodean nos bombardean e intentan capturar nuestra atención. Estos medios intentan convencernos que su narrativa es verdad. Hay muchas narrativas que cuentan estas fuentes: de guerras, de los diferentes productos que harán que la vida sea mejor, de cómo una ideología es mejor que otra, cómo una determinada persona es un payaso o un mal líder; pero todas influyen sobre la narrativa o historia que nos contamos a nosotros mismos. Si no desarrollamos nuestra propia narrativa acerca de nosotros mismos, corremos el riesgo que alguien más nos la cuente. He aquí el peligro de no tener una historia o narrativa propia.

Dentro de cada uno de nosotros, existen tres diferentes tipos de narrativa que nos decimos a nosotros mismos: la de la víctima, el superhombre o el filósofo. Cada una de ellas tiene diferentes características y diferentes efectos en nosotros. Estos efectos determinan cómo interpretamos los eventos en los que participamos.

  1. La narrativa de víctima elige no ser responsable de su vida. Cree que ha nacido bajo ciertas circunstancias que no puede cambiar y que ve como injustas. Obliga constantemente a los demás a adaptarse a su forma de ver la vida. Tiende a enajenar a quienes se oponen a su forma de ver la vida. La víctima no se comunica bien porque espera que los demás entiendan que está discapacitada y que hagan las cosas por ella. Busca dominar a los demás a través de manipulación emocional o física y busca, inconscientemente, decepcionarse y confirmar que su vida es un fracaso porque las circunstancias en las que nació le han impedido lograr sus metas.
  2. La narrativa del superhombre es distinta a la de la víctima porque se considera fuerte para salvar a la víctima de las miserias. El superhombre considera que ha sido elegido para mejorar al mundo y sacarlo adelante. Solo él tiene las fuerzas para hacerlo y, por lo tanto, acrecienta su ego. Corre el riesgo de que su ego se convierta en una nube que cubre todo lo demás porque su voluntad adquiere prioridad por encima de la de los demás.
  3. La filosófica es la última de las tres narrativas y la superior, la que asegura que tendremos felicidad. Esta narrativa busca observar la verdad de las situaciones y, a través de prueba y error, elaborar principios básicos de comportamiento. Busca ser comprensiva consigo misma pero también se exige y se lleva a sí misma a buscar más allá de lo obvio o de lo cómodo. Esta actitud de búsqueda produce profunda satisfacción en la persona que la adopta.

La personalidad de una persona es compleja e inagotable. Un ser humano es irreducible, claro, a simples narrativas. Pero estas tres narrativas son conceptos que nos pueden ayudar a analizarnos a nosotros mismos y vivir una vida mejor orientada hacia las metas personales que tengamos. Podemos ser cada día mejores y elaborar a consciencia nuestra narrativa de vida que responde a la pregunta: ¿quiénes somos y para qué hemos venido al mundo? Al final de nuestros días, solo una persona debe y puede responder a esa pregunta: nosotros mismos.

Si haces esto no tendrás preocupaciones

Estos días me he dispuesto a vivir un experimento: antes de dormir, apunto en mi cuadernillo lograr al día siguiente al menos una cosa, por más pequeña que sea, que me vaya a hacer una mejor persona.

Hoy esa cosa fue meditar y leer un pasaje de un libro que estoy leyendo.

Sin embargo, pronto me di cuenta de que lograr el resto de las metas que me había puesto para el resto del día fue más fácil: hice ejercicio, desayuné bien, salí a tiempo de mi casa, tuve una reunión con mi equipo y ahora estoy sentado escribiendo. Todas ellas cosas que quería lograr a lo largo del día.

Creo que lo que revela este simple experimento es que ser mejor es un proceso incremental y no una transformación al estilo san Pablo que, aunque envidiable, poco probable.

En mi vida he encontrado muchas formas de sabiduría de vida, todas de ellas respondiendo a la pregunta: ¿cómo lograr la felicidad? En mi día a día, la gente se acerca a hacerme esa misma pregunta con afán de discutir y compartir ideas. Lo mismo haré hoy aquí. Creo que la felicidad depende de tres hábitos que debe formar una persona:

  1. responsabilizarse por su vida y sus acciones todos los días, minuto a minuto;
  2. decidir todos los días vivir según unos valores y principios desarrollados a conciencia y a a base de la experiencia;
  3. vivir una vida auto examinada.

En lo personal, intento vivir creando estos tres hábitos todos los días. Unas veces lo logro, otras fracaso rotundamente, pero en general puedo decir que tengo una satisfacción profunda con las decisiones que tomo y con el rumbo que lleva mi vida. Hay muchas formas prácticas de desarrollar estos tres hábitos. Les comparto la que yo uso:

  1. veo cuáles son las áreas de mi vida en donde actúo y donde tengo incidencia: mi físico, mental, espiritual, profesional y social. Luego me imagino que soy un personaje en cada área de mi vida e intento imaginar cómo actúa el héroe en cada una de esas áreas. Por ejemplo en el área física el héroe es alguien quien busca tener su cuerpo sano, hacer ejercicio, intentar interactuar con la naturaleza cuando sea posible, etc. En el área mental, el héroe es alguien quien sabe usar sus destrezas mentales para adquirir habilidades y destrezas que le hagan mejor en su trabajo: aprender un programa de computación, destrezas de liderazgo, etc. También significa que es una persona culta y que sabe de filosofía, historia, literatura, tecnología, política, etc., y cómo se relacionan estas materias unas con otras. Cuando tengo la imagen del héroe, establezco metas para cada día según el ideal que me he propuesto. Ejemplos de metas en cada área de vida:
    1. hacer ejercicio intenso durante media hora tres veces al día;
    2. publicar un artículo en la prensa internacional;
    3. aprender un idioma;
    4. ir a las ceremonias de culto de la religión que practico.
  2. Con estas metas y estos ideales redacto un manifiesto: una pequeña constitución de unas 5-10 oraciones que describen los valores que yo tengo en mi vida y que son la guía que utilizo para actuar. Intento leer este manifiesto unas cuatro veces al día. Planteo uno aquí de ejemplo:
    • “Estar agradecido con lo que tengo. Estar presente en lo que hago y entregado a ello. Tener una disposición alegre para alegrar a los demás. Siempre entender antes de juzgar. El propósito de todas mis actividades es el desarrollo de las personas que me rodean y su crecimiento personal. El uso y el desarrollo del intelecto son fundamentales para cuidar y desarrollar mi entorno.”
  3. Con estas herramientas me propongo metas mensuales, semestrales y anuales y las reviso una vez al año para asegurarme de que esté siguiendo mi plan.

Creo que utilizando este método, desarrollado por Stephen Covey y mejor detallado en Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, podemos llegar a desarrollar destrezas de vida que nos ayuden a ser mejores y orientar una vida hacia la felicidad.